Días atrás en una conversación con unas amigas descubrí que no importa la edad (mi círculo amistoso es amplio y en esa reunión había tanto gente de 70 y algo como de poco más de veinte) todas tenemos una preocupación: la comida. Unas alegaban razones de salud, por aquello del perfil lipídico (si usted no tiene ni idea de qué es ese fulano perfil, no se preocupe, su desconocimiento significa que tiene menos de 30 y aún no debe inquietarse por el asunto), otras argüían razones estéticas puesto que los famosos "cauchos" no le dejaban lucir sus prendas de vestir, otras aducían presión social (¿Recuerdan a las IMPERTINENTIS?), algunas, que están, como dirían mis amados alumnos de la universidad, explotás; afirmaban que de no ir 5 veces a la semana al gimnasio y de mantener una estricta dieta jamás lograrían ese estupendo estado físico, por tanto todas reconocían haberse convertido en nutricionistas dietistas. Percaté que de un tiempo para acá, las mujeres cuentan las calorías, suman puntos, distinguen entre carbohidratos y proteínas, además pesan, miden, sacan la cuenta entre la edad y la estatura, eso lo dividen entre el diámetro del agujero de la capa de ozono y el resultado que obtienen, lo dividen entre dos. ¡Y eso es lo que puede comer! Es decir: NADA o muy poco.
Comer se nos ha convertido en un castigo, en un sufrimiento, en un verdadero dolor de cabeza. Pensamos: Si como esto hoy, mañana como sólo de aquello o hago mil horas en la caminadora y entonces todo estará bien. O nos repetimos mentalmente: Durante toda la semana cumplí estrictamente el régimen de modo que hoy domingo, puede ser que me permita comprar un Toronto y compartirlo (eso si logra convencer a otra de las que vive a dieta, de las que vive en perpetuo sacrificio).
Después de escuchar todas esas conversaciones me dije: ¡Yo definitivamente quiero ser hombre! Ellos no se preocupan por estas cosas. Y es que no me quiero conformar con una vida así. Yo no quiero correr detrás del cuerpo adolescente que ya no poseo, de ese que poseía cuando apenas contaba 15 años. Yo no quiero morirme de hambre para entrar en la talla ideal. Yo soy M, si señor E M E. Lo digo con orgullo y sin absoluta vergüenza. Sé que mi talla dista mucho de la talla ideal de las vallas publicitarias y de los modelos de la televisión, cine y demás, pero en ella me siento cómoda. Va acorde a mi edad y a mi estilo de vida que es sedentarísimo.
Desde esa reunión con mis amigas me he preguntado ¿Cuál es la bendita ley que dice que la arepa engorda? ¡Me he revisado la constitución en múltiples ocasiones y no la he encontrado¡ ¿En qué parte de la Biblia, Nuevo Testamento, la Torá o el Corán dice que los gordos o los pasados de peso no van al paraíso? Exijo que me lo ubiquen y me lo demuestren con argumentos teológicos. Y por último, pero no menos importante ¿Quién diantres fue el que dictaminó que si uno es talla M es gorrrrrrdooooo? ¿Quién fue el que dijo que lo bello, "lo IN" era ser talla XXS? Porque sépalo señor lector, la talla más pequeña no es S. ¡Es XXS! ¿Cuándo, Dios de la vida, cuándo voy a lograr yo esa talla? NUNQUITA. Y es que creo que ni cuando tenía 15 fui XXS.
Quiero seguir siendo M y decirlo con orgullo y no bajado la cabeza como para que me perdonen la vida. Quiero ir a una tienda y encontrar ropa para mi sin tener que acudir a la tiendas de tallas grandes (que es el eufemismo más hiriente con el cual la industria de la moda le dice GOOOORRRDOOOO a todo el planeta). Quiero comer sin angustia, sin pensar que cometo pecado, sin creer que no soy nadie, que soy fea, gorda o, algo que en estos tiempos posmodernistas es igual a la muerte, que estoy "OUT". Yo quiero comer sin que nadie me mire con reprobación como diciéndome: ¡Por eso es que estás así! Luego no te quejes. Quiero que el comer vuelva a ser un placer, que debe ser mesurado como todo placer, pero un placer al fin que indique goce. Quiero poder pararme los domingos, ir a comprar todos periódicos y sentarme a leerlos mientras saboreo un desayuno que no sea aburrido y triste. Quiero comerme una empanada más en mi vida sin tener que rendirle cuentas a nadie. Yo trabajo toda la semana y soy responsable y soy cuidadosa y sé lo que es una dieta balanceada por que la sigo todos los días. Por lo tanto, yo tengo más que merecida ¡Una empanada más!
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